De coimas, palomas suicidas y señoras amorosas…

 

Sin haber casi dormido, nos levantamos a las 05:40 hs, con las ojeras a flor de piel, y comenzamos a desarmar la carpa.

El amanecer ya había llegado y todo se bañaba con una luz amarillenta celestona. 

Hoy teníamos que llegar hasta Buenos Aires. 

Luego de dejar las mochilas listas, fuimos al baño.

Como era tan temprano, uno debía pedir la llave del baño, pero justo había un viejito en la puerta, que salía del baño, y el mismo nos dio la llave. Se vé que era ya un viejo conocido del lugar.

 

Una vez que entramos, comienza la rutina matutina.

La verdad es que no hay grandes misterios en estas cosas… uno hace exactamente lo mismo que hace en su casa, pero mas demorado, porque hay que estar luchando con apoyar las mochilas en la pileta del baño, y buscar en los bolsillos las cosas que vamos a necesitar.

En nuestro caso, en el bolsillo que está mas a mano, llevamos un necessaire con forma de cara de osito, el cual cargo yo ya que Wa se niega rotundamente (no se por qué…) donde tenemos los cepillos de dientes, la pasta dental, mi base de maquillaje (tengo acné, sepan entender…) y poco mas…

Unos dias mas tarde nos dimos cuenta que llevar el peine en el compartimiento grande de la mochila no era una buena idea, y lo dejamos en el mismo bolsillo que el necessaire.

Esas cosas que uno va aprendiendo con la práctica.

 

necessaire

 

 

Caminamos y caminamos, y caminamos, y caminamos… y caminamos de tantas formas como pudimos… un poco normal, otro poco mas apurados, otro poco más lento, otro poco de espaldas, otro poco de cotelete, un rato cargas vos la mochila chica, otro rato la cargo yo, esquivando pájaros aplastados… caminamos.

 

Acá fue donde nació la técnica de hacer dedo mientras avanzamos de espaldas… y también agudizamos el oído.

La clave está en ir caminando normal, y cuando sentís un motor a tus espaldas, te das vuelta enseguida, con el pulgar extendido, pero sin dejar de caminar, es decir, caminando hacia atrás.

De esta manera, le mostrás la cara (y la sonrisa gente, no se olviden de la sonrisa) a la persona que venga en el auto, pero a su vez no dejas de avanzar.

 

A decir verdad, no es la técnica más recomendada, pero como nosotros igual queríamos llegar a la Ruta 14, -y desde un principio pensábamos llegar caminando- no perdíamos tanto. Si nos arrimaban hasta allá, mejor, y sino, lo hacíamos caminando como teníamos pensado. Aunque fuera hacia atrás.

 

Nos cruzamos con un Jesús gigante, que merecía foto… lamentablemente no pudimos captar su tamaño, pero les aseguro que era enorme.

 

jesu

 

 

El caso es que así llegamos a la Ruta 14… O casi, porque cuando llegamos a la intersección de rutas, donde se cruzaba la que íbamos nosotros, con la 14, cuando ya no había casi esperanza, un pequeño auto gris para…

 

Wa se arrima corriendo, y lo veo hablar con el conductor por la ventanilla…

 

Suspenso…

 

Finalmente, viene hacia donde estoy yo, y me dice que el señor va directamente hasta Buenos Aires, porque vive allí.

No podía ser mejor.

 

Yo iba en el asiento de atrás, con todas las mochilas al costado y encima (así que poco veía hacia delante) y en el asiento del acompañante iba Wa, charlando con el conductor.

 

Esto es algo que se va dando como una norma implícita… cuando el conductor es hombre, y adelante solo hay lugar para uno, va Wa, y el conductor prácticamente habla con el, es como que se olvida que yo existo.

Y lo mismo al revés, cuando la que conduce es mujer, voy yo adelante, y prácticamente hablo solo yo con ella.

 

En el caso de los camiones es diferente porque podemos ir los dos sentados adelante con el chofer.

 

Grande fue nuestra sorpresa cuando, haciendo un esfuerzo, escucho que Wa le cuenta que habíamos caminado como 2 kms desde la estación de Gualeguaychú, hasta la Ruta 14, y el señor lo corta y le dice

 

-Desde ahí venían caminando?? No caminaron 2 kms… caminaron mas de 10 Kms!

 

Ahora todo tiene sentido…

 

Aún asi puede parecer poco, pero les aseguro que no es lo mismo caminar mas de 10 kms en piso asfaltado de ciudad, con una mochilita de 5 kg al hombro, que caminar la misma distancia por un piso de tierra irregular, dándose vuelta a cada rato y caminando de espaldas un poquito, con una mochila de 13,5 kg en la espalda, y a veces también con una de 6 Kg. mas en la mano, y el rayo del sol en la cara constantemente.

 

A eso de las 10:15 llegamos a una estación de servicio, ya en Buenos Aires, donde el conductor cargó gas en el auto.

Gas???

 

Si, otra cosa que aprendimos, en Argentina hay autos a gas, siendo que en Uruguay están prohibidos.

Aparentemente es más barato que usar nafta o gasoil.

 

Una de las lindas cosas de esta vida de mochilero es que los pequeños lujos, esos que en otra situación no te llaman tanto la atención, ahora son como bendiciones caídas del cielo.

Yo quedé encantada con el detalle que en esta estación de servicio tenían un termo con café, para que cualquiera se sirva.

Lindo detalle, sobre todo para los conductores cansados.

 

Finalmente, el señor nos dejó en General Belgrano, por la Panamericana.

Desde allí, le preguntamos a un policía como llegar al Microcentro (que es donde nos esperaban los primos de Wa, ya que ellos viven alli), a lo que el nos indica un camino y nos dice “pero miren que es leeeejos!”.

Gracias señor oficial, ya no nos asustamos con grandes distancias.

 

Luego de caminar como media hora, nos encontramos una estación de tren, y decidimos entrar para ver si podíamos tomar uno hasta donde queríamos llegar.

El caso es que teníamos que comprar una tarjeta SUBE y cargarla, porque es el sistema que usan ahora en Buenos Aires, y si no tenes esa tarjeta, no podes viajar ni en tren, ni en subte, ni en colectivo.

 

Al entrar a la estación, vemos que las ventanillas de venta estaban cerradas. Bien.

 

Antes de darnos por vencidos, le preguntamos a una señora que también estaba intentando ver si había alguien de la ventanilla hacia adentro, pero al comprobar que estaba todo cerrado nos dice que igual podemos viajar, porque si las ventanillas están cerradas, podemos viajar gratis.

 

Nos pareció medio raro, y nos quedamos sin saber que hacer, si hacerle caso a la señora y subirnos a prepo al tren cuando viniera, o si seguir caminando.

 

Al final, se ve que la señora nos vio la cara de confusión y le dijo a los guardias

 

-Señores, podemos subirnos al tren igual no? Porque como las ventanillas están cerradas…

-Si señora, porque hoy es feriado, no abren las ventanillas, suba nomas.

 

Ah bueno! Si el guardia lo dice, ya está!.

 

Nos sentamos a esperar el tren, y la señora seguía dando vueltas por la estación… de vez en cuando paraba delante de nosotros y nos preguntaba cosas… de dónde veníamos, a dónde íbamos… lo típico.

 

Entre espera y conversación, aparece el tren.

 

La cosa es que, según explicación de la doña, teníamos que tomar uno hacia una estación, y luego de allí otro al Microcentro. Como ella iba casi al mismo lado, siempre fuimos cerca de ella, y de vez en cuando nos charlaba.

 

La espera en la segunda estación fue más larga.

 

Nos entretuvimos mirando las palomas, e intentando disuadir a una que se quería suicidar… tenía hijos y todo… “pensá en tus pichones!” le decíamos.

 

paloma-suicida

 

32 minutos después, nos tomábamos el segundo tren, rumbo al Microcentro.

 

La señora nos recomienda una mezquita que fundó Perón hace unos años, la cual pudimos ver porque el tren pasaba por allí.

También nos cuenta que está yendo a la casa de los sobrinos porque van a festejar su cumpleaños, aprovechando el feriado.

 

Cuando se baja, en la parada anterior a la nuestra, le deseamos que termine lindo el festejo, y ella me aprieta la mano con fuerza y me dice “Suerte chiquilines! Un beso!”.

 

Re amorosa.

 

Podría terminar el post acá, diciendo “y llegamos al Microcentro, y nos quedamos con los primos de aquel” y listo. Pero queda algo por contar…

 

Nos intentaron coimear.

 

Y somos tan bananas honrados que ni nos dimos cuenta.

 

Qué pasó? Nos bajamos en la estación central en el Microcentro.

Ahí si había personal de la estación, parecía que el feriado no afectaba a ese lugar.

Para salir de allí, tenes que pasar por unos pasadores metálicos electrónicos.

Al pasar la tarjeta del tren por el pasador, este se habilita y podes pasar.

 

Pero oh caramba, no teníamos tarjeta porque nos dijeron que por ser feriado podíamos andar sin la tarjeta!

 

Entonces nos acercamos y le planteamos la situación a una de las funcionarias que estaban vigilando en la estación, al lado de los pasadores.

Este fue mas o menos el diálogo:

 

-Hola, perdón, una consulta, nosotros vinimos sin tarjeta porque los guardias de la estación nos dijeron que podíamos pasar sin tarjeta porque era feriado… como pasamos por acá ahora?

-Ah no, tenían que haberse bajado en “Colegiales” y sacar la tarjeta ahí. Si no la tienen van a tener que pagar una multa.- nos dice con rigor la señora.

-Multa? … no sabíamos… somos de Uruguay…- le digo con cara de gatito de Shrek.

-Si, la multa es de 40 pesos cada uno…

-Ah… bueno… (Cruzamos miradas)… bueno, pagamos la multa entonces…

-Pero si quieren yo puedo arreglar para que paguen 20… – nos dice la señora, y comienza a caminar indicándonos que la sigamos.

 

Nos lleva hasta una pasada que solo había un portón, y habla con una chica que nos abre el portón y nos deja ir.

Le decimos gracias a la señora que nos intentó coimear, y nos vamos, los primeros segundos temiendo que un guardia de seguridad nos corte el paso, pero enseguida nos cae la ficha que lo que habíamos hecho era rehusar una coima.

 

Cuando llegamos a la puerta de la casa de los primos de Wa, resulta que no estaba ni el primo, ni la tía.

Nos quedamos esperando desde las 13:30 hs hasta las 15:00, cuando un muchacho que salía del edificio nos dice si queríamos esperar adentro, en el pasillo del edificio…. y claro que aceptamos!

 

Al entrar, una señora que pasaba por el pasillo nos reconoce, de otras veces que habíamos estado allí, y nos cuenta que la tía de Wa está en Uruguay.

 

En Uruguay!!!

 

Parecía que nos hubiéramos intercambiado!

 

En eso llega el primo de Wa, quien nos hace pasar a su casa, nos invita con comida, la cual devoramos como muertos de hambre, y entre charlas y risas se nos pasa el día.

 

Nos quedamos a dormir allá, para recuperar fuerzas para el nuevo día que nos espera.

 

Hoy si, que dormimos, y felices.

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